dilluns, 20 de juny de 2011

La rebel·lió dels productes

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Mira a tu alrededor, estamos rodeados de cosas distintas, de diversos colores y formas; nos pasamos la vida interactuando con ellas, las compramos, las miramos, las tocamos, las compartimos… Hasta que nos cansamos de tenerlas, porque estorban o dejan de cumplir la función que tenían, y pasan de ser recursos a ser residuos, de los cuales te desharás. Los olvidarás, como si nunca hubieran pasado por tus manos, como si detrás de ellos no hubiesen personas, como tú y como yo, que comprometen su tiempo, su esfuerzo, y en algunos casos hasta su salud. Personas que conocen a personas que también utilizan cosas, que fabrican otras personas… formándose así una cadena de sucesos en la que nosotros funcionamos también como eslabones; somos parte del proceso, la parte más importante diría yo: somos los recursos de las cosas y, las cosas, nuestros recursos.
Estamos tan acostumbrados a la presencia de las cosas que nos cuesta enormemente ir más allá de lo estrictamente material, solo vemos lo que tenemos delante de los ojos y la utilidad que pueda tener para nosotros de manera inmediata. Así, deja de importarnos la procedencia de los objetos, o el tiempo que haya sido necesario para producir eso de lo que tú ahora disfrutas, lo que tienes entre las manos, lo que llevas puesto... ¿No sería genial que todas las cosas que compramos vinieran con la información de cómo han sido fabricadas, por quién y qué recursos se han utilizado para ello? ¿Nos sorprendería? Así sí sabríamos realmente qué cosas estamos comprando cuando compramos un producto. Porque solo así, creo yo, es posible un consumo responsable. Nuestras elecciones, también a a la hora de adquirir cualquier mercancía, van determinando sutilmente, pero de manera inexorable, el tipo de mundo en que habitamos. Debemos ser conscientes del enorme poder que tenemos: somos nosotros, repito, quienes hacemos que las cosas sean como son, que el mundo funcione como lo hace.
Tenemos la capacidad de cuidarnos. Como humanos, contamos con una dimensión en la cual entra lo no materia, todo aquello que "fabricamos" cada uno de nosotros desde nuestro interior, desde lo que en realidad sentimos. Esa realidad intangible que se compone de todas nuestras creencias hace que actuemos como lo hacemos, y de dichos actos se obtiene la reacción de otra persona afín o no a nosotros. Por eso, hemos de tener muy presente que, en esa cadena de acciones y reacciones, podemos herir tanto física como moralmente a los otros, incluso hacer entrar en una depresión a alguien. Pero también, y de la misma manera, podemos contentar y crear un buen ambiente entre todos nosotros.
Es importante saber que de esto depende una parte importante de nuestra salud, y saber valorarlo. También que esto es realmente necesario, más que tener un gran coche o una mansión enorme, pues.. ¿De qué nos serviría estando solos, no pudiendo compartirlo con nadie? De nada. Sin embargo, podemos estar realmente bien no teniendo esa enorme mansión pero sí personas con las que aprovechar el tiempo y realizarse como persona y ayudar a que los demás también se desarrollen. Así, poder cuidarnos unos a otros,, saber y querer hacer sentir bien a las personas que nos rodean, o a otras con las que tengamos un mínimo contacto, deberían, si lo pensamos con detenimiento, ser entendidos como derechos de los que todos tendríamos que poder disfrutar.
Si hiciésemos un análisis de las maneras de vivir podríamos dividirlas básicamente en dos: Vivir, que sería y es el hecho de incluir los cuidados en nuestra vida, incluir a las personas y tener en cuenta sus sentimientos a la par que ellas los nuestros, independientemente de que tengamos más o menos comodidades, sí las necesarias, como pueden ser el agua, un techo, un trabajo con el cual poder sentirte realizado y comida. Podríamos, con ello, vivir dignamente y disfrutando plenamente de lo que la naturaleza nos brinda, del aspecto humano de las relaciones y, como he dicho antes, los cuidados.
Al segundo grupo podríamos llamarlo "Sobrevivir" que consiste en, simplemente, el hecho de conseguir más y más cosas, sin importar el cómo, aplicando lo de "El fin justifica los medios", el sumergirse en una sociedad totalmente consumista, cebada por el querer más y más cosas cambiando las caras por billetes y éstos por "poder". Sin darse cuenta de que, al final, el dinero y la cantidad de cosas que se podrían adquirir, los lujos y demás comodidades innecesarias se quedarán en tierra cuando nos vayamos. Un consumismo que nos venda los ojos y que no nos deja ver más allá de lo material. Una sociedad capitalista y consumista en su máximo exponente siempre tendrá su enorme tasa de superficialidad, mientras que una sociedad social necesitará siempre su enorme porcentaje de humanidad.
¿Por cuál optamos?
Marina Azud, 3 ESO. IES Azud de Alfeitamí

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