diumenge, 12 de gener de 2014

¿Cómo me afecta la crisis?


La crisis me afecta al haber provocado recortes en educación, sanidad e incluso en I+D+I.

Me afecta a mí y a todos de manera muy negativa, porque cuanto más se recorte en educación, peor será su calidad. En el caso de que no haya empleo en este país, me veré obligado a irme a otro y, si mi nivel educativo no es bueno, eso me impedirá encontrar empleo, ya que no podré competir con el nivel educativo de los estudiantes de allí. Sólo podré competir por el empleo con estudiantes de otros países si tengo un gran nivel de estudios, si no, la alternativa es buscar un empleo poco cualificado; en caso contrario, me será bastante difícil conseguir tener un futuro y poder ganar dinero para subsistir.

Por otra parte, me afectan los recortes en sanidad al reducirse el número de posibles medicamentos y tratamientos, lo que supone no poder elegir el medicamento más adecuado y hace que la enfermedad sea más difícil de curar. También supone ir más veces al médico, lo que incrementa el gasto público que debe asumir el Estado. Si no se receta, por ser más caro, el medicamento adecuado para curar la enfermedad, ésta puede mutar con más facilidad, cosa que a la larga se traducirá en un deterioro de la salud del paciente. De este modo, buscando ahorrar a corto plazo, el Estado puede terminar pagando más que si costeara el tratamiento, que siendo más adecuado, puede parecer más caro, porque sustituirlo por un genérico barato de peor calidad supone menos esperanza de vida, o complicaciones que, al final, pueden acabar con la muerte del paciente.

A lo que ya se ha dicho, hay que sumar que la crisis afecta también al gasto en I+D+I. De no ser así, estas actividades podrían generar productos, incluidos medicamentos, que podrían distribuirse por toda Europa, lo que crearía también puestos de trabajo. Además, el gobierno español podría obtener los tratamientos médicos casi a precio de coste, ya que los descubrimientos serían financiados con dinero público y podría reservarse una parte para el autoconsumo. Si dispusiera de sus propios laboratorios, contaríamos con una sanidad pública de mejor calidad, se podría alargar así la esperanza de vida o reducir los riesgos de muertes prematuras. Y, en caso de que se produjera un descubrimiento innovador, se podría rentabilizar vendiendo el producto o los derechos para producirlo a toda Europa. Las ganancias pasarían al Estado, lo que haría aumentar los ingresos públicos y evitaría la fuga de cerebros. Esto último es algo que afecta también a toda la sociedad, ya que lo que está ocurriendo ahora es que muchas personas, que tienen estudios superiores, en buena parte sufragados con el dinero del Estado (que es el de todos), se ven obligados a marcharse del país si quieren trabajar en su campo. Los países que acogen a los titulados españoles se benefician de esta mano de obra cualificada, al precio de pagarles un sueldo.

La crisis me afecta de otras formas: que ahora se use más transporte público, como autobuses o trenes de cercanías, en lugar del coche, para ahorrar dinero en gasolina. Pero, sobre todo, afecta a mi futuro.

Hay que tener muchos estudios superiores para destacar entre tanto parado con ESO y Módulos, pero también entre las generaciones posteriores de alumnos que, con los mismos estudios , tendrán mejor nivel de idiomas e informática. No puedes permitirte el lujo de repetir curso, ya que será más difícil competir por los escasos puestos de trabajo en el país. También al contrario, si te vas al extranjero, debido al efecto de la fuga de cerebros, tendrás que irte de los primeros para evitar encontrarte que, también en el exterior, esté todo lleno de españoles muy preparados y dispuestos a trabajar en cualquier puesto, aunque estén sobrecualificados, para tener menor competencia inmigrante y competir sólo con las personas del país local a la hora de conseguir empleo. Aun así, por los costosos y variados gastos, para el emigrante la subsistencia supone un esfuerzo hasta que pueda encontrar ese empleo.

Además de todo lo anterior, la crisis implica que las personas dediquen más dinero, proporcionalmente, a la comida o el ahorro y menos a ropa, vídeojuegos, vacaciones y otros caprichos innecesarios. Es decir, el gasto es más limitado y racional en el fondo, a causa de la falta de poder adquisitivo que se debe al mismo paro, pero que también frena la inflación. El sector inmobiliario, por ejemplo, se adapta a un precio más justo, lo que impide construir a lo loco, y aparecen pisos de segunda mano a granel. Se ofrecen alquileres baratos e hipotecas con condiciones no tan abusivas, si es que te la conceden, cosa que es más sencilla si tienes trabajo.

Si tienes trabajo, entonces, es más fácil independizarte de papá y mamá. Siempre y cuando con los 645 euros que te pagan de salario mínimo consigas, de alguna manera, economizar lo suficiente para llegar a fin de mes. Si lo consigues y si tu empresa no deja de pagarte el sueldo o te echa a la calle en uno de esos llamados y muy, pero que muy conocidos, ERE de personal, muy populares entre los empresarios cuando quieren justificar el pago de sus caprichos de todo tipo o aliviar pérdidas económicas provocadas por sus propios errores al tomar decisiones. O porque bajan las ventas, cosa que puede pasar cuando nadie compra, porque está en el paro o tiene que mantener a alguien, ya que hay familias que viven con un solo sueldo o del subsidio de paro de, precisamente, alguno de esos parados a los que todavía les siguen pagando el subsidio porque son parados recientes, despedidos en un ERE.

IES Joanot Martorell, Elx. Estudiante de Bachillerato.



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