dimarts, 10 de setembre de 2013

"No me eduques, adoctríname"


Esta entrada, surge de que hoy, he obtenido el bachiller. Pese a que en mi caso se han cometido muchas injusticias, finalmente pude presentarme a la segunda Selectividad (sin tener la nota previa necesaria) y mañana sabré si entro a la Universidad. Cuando en un primer momento me dijeron que iba a repetir, sinceramente, me sentí un Don Nadie. Pero como siempre, no he venido a hablar de eso. Lo que quiero decir, es que se nos ha inculcado tal sobre-valoración del sistema educativo, pero no de la cultura y la ciencia en sí, que nos hemos vuelto máquinas: elementos neutros de almacenamiento con el único fin de ser fácilmente maleables. Necesitamos un cartel en la frente: "No me eduques, adoctríname."
Según las estadísticas generales del año pasado, sólo 5 de cada 10 alumnos terminaron el bachillerato, y 3 no terminaron la ESO. ¿A qué jugamos cuándo sólo el 50% de nuestros estudiantes optan a un grado superior? Es imposible suponer, ni si quiera concebir, que el fallo sea completamente del alumnado. Está claro, que hay casos y casos, pero muy pocos optarán por dejar sus estudios por voluntad propia. Examinemos el problema de abajo para arriba. De primeras, vayamos a las casas: ¿realmente están las familias volcadas con sus pequeños? No es inusual, que en ciertos hogares se fomente más darle patadas a un balón o saber vestir bien que coger un buen libro. Pero, ¿y en las aulas? No culpo a los profesores, pero está claro que la decadencia en Educación está empezando a hacer mella. No es difícil ver a profesores desmotivados, que a estas alturas, sólo desean que las clases pasen rápido para poder llegar a casa. Y algunos, han dado tanto por su trabajo, que cuando llegan a casa no les espera nada ni nadie. Esta exasperación puede desembocar en el ansia del maestro por humillar o sentirse superior al alumno, conllevando grandes problemas para ambas partes. Y si continuamos subiendo por esta pirámide del fracaso, nos encontraremos con directores, coordinadores, inspectores... Todos sujetos a las mismas normas, impuestas por nuestro querido y cancerígeno gobierno (Que menudo show tenemos montado las personas que vivimos en la CV).
Y ahí es dónde quería llegar: a los políticos. A día de hoy, a quién piense que a los de arriba les interesa un pueblo culto, lamento decirle que es un pobre iluso. La cultura son las piernas del pueblo, y el poder ya se está encargando de dejarnos tullidos. Y lo increíble es que comienza a surtir efecto, ya que si a ciertas personas les preguntas: "¿Por qué votas al partido que te perjudica?", te dirán tranquilamente: "Es necesario, y no está la cosa tan mal". Diariamente me pregunto qué clase de mente enfermiza puede considerar que la cosa "no está tan mal" cuando la mayoría de los jóvenes españoles no pueden costearse una carrera universitaria, y muy posiblemente, aquellos que defienden el sistema, tampoco. Sin embargo, ciertos profesores y maestros se esfuerzan por romper esta cadena de adoctrinación, de fabricación y ensamblaje, con clases interactivas, nuevos métodos de enseñanza y sobre todo ganas. Gracias a esos profesores, todavía queda esperanza, pues son un ejemplo de lucha contra estos tiempos de cambios.
Rompamos las cadenas, demostremos que somos algo más que masas de carne y huesos obedientes y sumisas.
"Dice un refrán que las
gallinas unidas, pueden
derrotar al zorro. Ahora sólo
falta encontrar al zorro.
17/07/2013, 18:39. Supongo,
que sigo en el planeta equivocado."

Toni. 2ºBachillerato, IES La Mola. Entrada en su blog:  http://planetaequivocado.blogspot.com.es/2013/07/no-me-eduques-adoctriname.html

1 comentari:

  1. La educación solo es un aula en el que se da información como quien le da de comer a las gallinas, hinchar y luego todos esos datos desaparecen en unas semanas.
    Yo ayudo a estudiar a una niña de 4º de primaria y mi asombro no es más cuando veo como han cambiado las mentalidades comparadas a cuando yo estuve en ese mismo nivel. Ya no tienen curiosidad por aprender, y es que es eso, que el gobierno prefiere forrarse los bolsillos con material que solo tiene un valor estimado a llenar nuestros cerebros con saber. (Liv)

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